Texts

Passerby in China by Francesca Sanchez

The first days after he left, I asked myself why Alfonso had chosen China for his latest photographic journey. Had he gone in search of souls? Multitudes of souls? Antagonistic mirrors transformed from a reflection into an image? In search of the present that at some point is future? In search of oriental subject matter? I knew that the selection of China had nothing to do with any of the obvious motives that would incite a normal person to travel there. Alfonso de Castro does not hunt for the exotic, nor for the unknown, nor the wicked, nor the unattainable, nor the fortuitous, nor does he hunt to kill. The proof of all this are in his live prey. Upon returning, as always, he will dis- cover with delight and with delay the faithful evidence that will answer all my questions, make certain all my doubts and, best of all, satisfy needs that I have not yet experienced. This is what is called excess. 

After four months, he returned and I found myself before the follow- ing photographs (see the catalogue), and this time it was he who asked me what I thought the photographs meant, I think for the shear pleasure of hearing another voice, to augment the polyphony that the reality of things generates. 

One of the greatest privileges that we as humans have is to focus one ́s own eyes, tranquilly, with avid calmness, to observe all that is exhibited in front of them; and let oneself be caressed by the move- ment, the shadows, the far echoes that can be seen in the tempered 

subjects, the intangible that is essence of essence itself… To begin to feel ( the process by which this manifestation is produced is still unknown to us) a tumultuous mixture of pairings: anxiety/rejection, indifference/satisfaction, lukewarmness/passion, abandonment/ security, pleasure/disgust… Because everything has a meaning, everything speaks to our senses, which transform the symbol into denotive meaning… And that is what I did, I sat on the fringe of my pupils and surveyed the abyss of the images of China and so another ́s reality was reborn within me. 

Without modesty, without respect or fear of being disappointed, I look and see what I am able to, because they I am interested in them me, because I want to, because I can, because it is obvious. I imme- diately discover that Alfonso ́s photographs are not Alfonso ́s at all, better said, Alfonso ́s eye has stayed in its socket, always on the alert and calmly waiting its next catch, far from the photos, the subjects which have been exiled from his ownership, from his hunting zone of liberation. And they have grown suddenly, with no intermediate phases, into independent subjects. They are pieces of reality without a prescribed aesthetic, with beauty and ugliness, and even more, with deformation, due to the reality implicit in themselves. 

In the face of this concentrated reality, full of motion, replete with other lives, with rabid wisdom, with atoms that sweat movement, a magical exchange is provoked in my senses. I have the impression that I recognize the outlines of the screen in which they are exhibited. If I look at some of the faces with impudence, I can detect the beat of the heart they represent, their defiance to my impertinence. I am not exaggerating. The light has not been trapped, it continues to wear away at the flesh; time has not been detained, it continues to change substance; movement dissolves each and every one of the elements on the delimitated space of the paper. 

This time the photographer has returned from his trip to China with the smell of the houses, with the presence of the streets of Dongsheng with its smokey and delicately transparent atmosphere. The air is palpable in the neighborhoods of Beijing, even its limpidity reaches me… And the rhythmic harmonies in the background, the impetuous noise of hundreds of throats, axles and hinges, the iso- lated and lonely sound of one soul. The photos are not what they seem, they are a deception that the subject, the light and time perpetrate on my desire: they impose themselves. After viewing them, seeing them (or after they see me) leisurely, I confirm that the reality is unique and is easy for me to understand because it exhibits itself in the code that I use when I breathe, read and humor myself. 

Above I stated that the images that Alfonso takes do not belong to him, I always think this because it is incomprehensible for me to join the night in which he has chosen to live, I am speaking literally and not in metaphorical terms; Alfonso belongs to the tribe of those who are curious of the shadow, of those daunted by the threat of the dawn (as Borges states in Amanecer), and the day in which he lives his photography. And now that I think about it, what other thing could originate from the darkness but photography?

Los primeros días de su marcha me preguntaba por qué Alfonso había elegido China para dar uno de sus paseos fotográficos. ¿Se había ido en busca de almas? ¿De multitud de almas? ¿De espejos antagónicos transformadores del reflejo en imagen? ¿En busca del presente que en un punto es futuro? ¿En busca de la materia oriental?… Sé que la elección de China no respondía a ninguno de los motivos obvios, que a un paseante normal lo incitarían a viajar hasta allí. Alfonso de Castro no va a la caza del exotismo, ni de lo desconocido, ni de lo maldito, ni de lo inalcanzable, ni de lo fortuito, ni siquiera va de caza para dar muerte. El testimonio de todo ello son sus predas vivas. A su regreso, como siempre, descubriría con deleite y dilación las pruebas fehacientes que darían respuesta a todas mis preguntas, certeza a todas mis dudas y, lo mejor de todo, satisfacción a necesidades no originadas todavía (a esto se le llama exceso). 

A los cuatro meses regresó y me encontré ante las siguientes fotografías (véase el presente catálogo), y esta vez fue él quien me preguntó qué creía yo que decían las fotografías, pienso que por el mero placer de oír una voz más, por acrecentar la polifonía que genera la realidad de las cosas. 

Uno de los mayores privilegios que tiene el ser humano es situarse en la punta de los propios ojos, tranquilamente, con sosiego ávido, a observar todo lo que ante ellos se exhibe; y dejarse acariciar por el movimiento, las sombras, los ecos lejanos que se ven en la materia atemperada, lo intangible que es la esencia misma de la esencia… Comenzar a sentir (el proceso por el que esta manifestación se produce, todavía nos es desconocido) una mezcla tumultuosa de apareamientos: ansiedad-rechazo, indiferencia-satisfacción, tibieza-pasión, desamparo-seguridad, placer-asco… Porque todo tiene que decir algo, todo habla a nuestros sentidos, los cuales transforman el símbolo en significado denotativo… Y eso es lo que hice, me senté en el borde de mis pupilas a otear el abismo de las estampas venidas desde China para revivir en mí una realidad ajena. 

Sin pudor, sin respeto o miedo a quedar defraudada las miro y veo lo que yo soy capaz de ver, porque me interesa, porque quiero, porque me lo puedo permitir, porque es evidente. Descubro inmediatamente, que las fotografías de Alfonso no son de Alfonso, mejor dicho, el ojo de Alfonso se ha quedado en su cuenca, siempre avizor y calmo esperando la próxima presa, distante de las fotos, las cuales se han exiliado de su propiedad, de su área de caza- liberadora. Y han crecido de repente, sin fases intermedias como sujetos independientes. Son pedazos de realidad sin belleza de manual, con la belleza y la fealdad, y más aún, con la deformación, justas de la realidad en sí misma. 

Frente a esta realidad concentrada, no quieta, repleta de otras vidas, de sabias rabiosas, de átomos que sudan movimiento, se produce un mágico intercambio entre ella y mis sentidos. Tengo la impresión de reconocer los perfiles que se alejan, a las personas que se escapan por los ángulos de la pantalla que las muestra. Si miro con descaro algunos rostros, noto el latido del corazón que representan, su desafío ante mi impertinencia. No exagero. La luz no ha quedado atrapada, sigue desgastando la carne; el tiempo no se ha detenido, continúa modificando la sustancia; el movimiento deslíe todos y cada uno de los ingredientes que están fijados en el acotado espacio del papel. 

El fotógrafo esta vez ha traído de su paseo por China el olor de las casas, de las presencias, de las calles de Dongsheng con su atmósfera diáfana o ahumada. El aire es palpable en los barrios de Beijing, incluso su limpidez me llega… Y las músicas acompasadas de fondo, los ruidos atropellados de cientos de gargantas, ejes y bisagras, el sonido aislado y sólo de un alma. Las fotos no son tales, son un engaño que la materia, la luz y el tiempo perpetran a mi deseo: se imponen. Después de mirarlas, de verlas (o de que me vean ellas) sin esfuerzo, compruebo que la realidad es única (esto es un tópico), y me es fácil captarla porque se muestra con el mismo código que yo empleo cuando respiro, leo y me complazco. 

Más arriba he dicho que las fotografías que hace Alfonso no le pertenecen, siempre pienso esto porque me resulta incomprensible aunar la noche en la que él ha elegido vivir, no hablo en sentido metafórico, sino literal; porque Alfonso pertenece a la tribu de los curiosos de la sombra y acobardados por la amenaza del alba (como dice Borges en Amanecer), y el día en el que vive su fotografía. Aunque pensándolo bien ¿qué otra cosa puede nacer de la oscuridad sino… la fotografía?